La mala puntera del Atltico se estrella contra un hroe en Almera

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No puede ser sencillo aceptar la nueva realidad, la de estar lejos de la primera plana ya en enero, la de tener que deshacerte de estrellas y, además, sin poder dejar de pelear por las migajas. Eso, encontrar motivación en los restos del naufragio es el gran desafío de un Atlético irreconocible, sin alma, sin fútbol, pero también sin puntería. Un empate en Almería para avanzar en una temporada nebulosa. Las impresionantes paradas de Fernando Martínez fueron como vinagre en la herida rojiblanca, cada día más lejos hasta del tercer puesto. [1-1: Narración y estadísticas]

El el Power Horse Stadium, tras el castigo del Barça el pasado domingo, se comprobó que de aquí a junio todo será un camino espinoso para los rojiblancos. Y el premio, si es que lo hay, no será para pasear a Imperioso: estar entre los cuatro primeros es, sencillamente, una obligación. Pero la competencia es enorme y el equipo un flan. Vivir de los chispazos de talento de Griezmann no es suficiente.

Los primeros 45 minutos resultaron significativos. Cuando el genio del francés se inventó de la nada, porque nada había ocurrido hasta entonces en soleado estadio, un gol con su no pase a Correa, un maravilloso recurso técnico al dejar pasar la asistencia de Kondogbia, no tardó el Atlético ni cinco minutos en desdibujarse de mala manera. La reacción local no fue precisamente la Blitzkrieg, pero los de Simeone se achicaron como si vieran gigantes, hasta el punto de cambiar su dibujo táctico y pasar a una defensa de cinco. Y eso que Hermoso pudo haber puesto el 2-0 en un córner, paradón (el primero) de Fernando. Y el propio Kondogbia estropeó otro a Llorente.

Pero ya el Atlético no carburaba ante el empuje de los de Rubí, que espabilaron como si hubiera sonado una alarma antiaérea. Le costaba un mundo salir de la presión a los visitantes y Robertone se hizo con maestría con el control del tempo. Hasta que llegó lo inevitable, el empate. Un centro de quilates del argentino para el cabezazo de El Bilal Touré.

Pablo Barrios

Tras el mazazo, y el pase atrás anterior, ahora era un laberinto para el Atlético, que buscó algo de aire con Pablo Barrios, por Koke, tras el descanso. Se dejó dominar por un Almería valiente y meritorio, hubo llegadas para todos, pero en el ecuador de la segunda mitad iba a llegar el momento clave de la tarde en el Power Horse.

Había un par de balas en la recámara de un Atlético agazapado, pero esos ramalazos eléctricos se estrellaron en el héroe. En dos minutos, el 73 y el 75, Llorente, el más incisivo siempre, puso dos balones de gol. Y ni Morata primero ni Correa después tuvieron la suficiente puntería. Fue un manual de cómo fallar ocasiones, mérito de Fernando a bocajarro, reflejos felinos.

Y justo ahí, rumiando aún las oportunidades perdidas, lo que pudo ser y no fue, el Cholo volvió a rebobinar, como intuyendo el miedo. Sentó a Correa y dio paso a Felipe. Otro paso atrás que mató definitivamente el partido, además de la roja a Reguilón. Un reparto de puntos que poco ayuda a ambos, el Almería en su lucha por no quemarse y el Atlético en la persecución de un tren que se le escapa sin remedio.

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