40 aos al servicio del Tondela

Apenas ha dormido una hora después del segundo día más triste de su vida, “el primero fue el de la muerte de mi mujer, hace siete años”, y además el club ha concedido permiso a todos sus trabajadores, pero el señor Rolando se presenta en el estadio Joao Cardoso a primera hora de la mañana posterior al descenso. Un rato después, en la ‘rouparia’ están en marcha todas las lavadoras. “¿Y dónde voy a estar mejor que aquí? Es mi casa”. En realidad no es la primera vez que, cuando se siente desanimado, busca refugio en su Tondela.

Rolando da Cruz (Viseu, 1943) es el empleado más querido de la entidad, entre otras cosas porque lleva 40 años en ella. “Ahora 40 y algún mes, porque los cumplí en febrero”, matiza él con cierta socarronería. Técnico de equipamientos, utillero, encargado de lavandería… pero mucho más que todo eso: un símbolo para un Tondela que se fundó apenas diez años antes de que naciera. “Estaré aquí mientras me sienta útil. El día que no lo sea, me marcho”, asegura mientras enseña las instalaciones a Primera Plana, tan pendiente del primer equipo como de la cantera. “Estará aquí siempre”, rebate cualquier otra persona con la que se hable.

Estaré aquí mientras me sienta útil; el día que no lo sea, me marcho

Rolando da Cruz (utillero del Tondela)

Está como el vino de Oporto“, bromea Salvador Agra. “Espero que continúe muchos años“, afirma Ricardo Alves. “Dedicación, humildad, trabajo…“, enumera Joao Pedro. Son los capitanes de una plantilla que le llama ‘viejinho’ respetuosamente. Rolando trata con cariño a todos los que se ponen esa camiseta, pero eso no evita que ponga el foco sobre ellos cuando toca repartir responsabilidades. “Estos señores han hecho todo lo posible para que la SAD mejore“, dice refiriéndose a David Belenguer y compañía. El abrazo con el presidente minutos después de consumarse la pérdida de categoría durará varios minutos de reloj. “Quiero dar las gracias a todas las direcciones que ha tenido este club, desde la primera que me trajo hasta ésta de ahora. A todos los entrenadores, jugadores, masajistas… a toda la gente con la que trabajé”, insiste el señor Rolando.

Para mí ya era una alegría salir de Distrital, más estar tanto tiempo en Primera y jugar una final

Suele llegar en bicicleta a los entrenamientos. En ‘su’ bicicleta, conviene concretar, porque cualquier iniciativa para cambiársela ha quedado aparcada, nunca mejor dicho. El señor Rolando no quiere otra. Quiere la suya. Debería fumar menos, eso sí, ya perdonará él que se ponga aquí por escrito. “En realidad las tristezas puedo contarlas con los dedos de una mano”, señala orientando otra vez la charla hacia el Tondela. “Para mí ya era una alegría salir de Distrital, más estar tanto tiempo en Primera, jugar una final de Copa y tener la posibilidad de ir a competición europea”, recuerda.

Porque espera que, apenas ocho después del segundo día más triste de su vida, el domingo sea el día más feliz de su vida. El día en el que el Tondela conquiste la Taça portuguesa. “Era un sueño, pero gracias a Dios llegamos a la final… y ahora a ganar”, afirma, dando vueltas a las equipaciones especiales que lucirán los futbolistas en la cita de Lisboa, con el nombre de todas las freguesías (divisiones administrativas) del municipio y el lema ‘Febre Amarela’ en homenaje a la afición.

Obrigados, señor Rolando.

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